Te compadeces de todos
porque tú amas todo lo que existe
Lectura del libro de la
Sabiduría
11, 23-26; 12, 1-2
Señor ,
delante de ti, el mundo entero es como un grano de arena en la balanza, como
gota de
rocío mañanero, que cae sobre
Te
hombres, para darles ocasión de arrepentirse. Porque tú amas todo cuanto existe
y no aborreces
nada de lo que has hecho; pues si hubieras aborrecido alguna cosa, no la habrías
creado.
¿Y cómo podría seguir existiendo las cosas si tú no lo quisieras? ¿Cómo habría
podido
conservarse algo hasta ahora, si tú no lo hubieras llamado a la existencia?
Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos, Señor, que amas la vida, porque tu
espíritu
inmortal está en todos los seres.
Por eso a los que caen, los vas recogiendo poco a poco, los reprendes y les
traes a la memoria
sus pecados, para que se arrepientan de sus maldades y crean en ti Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos Señor.
Del salmo 144
Bendeciré al Señor
eternamente.
Benedícam nómini tuo
in saeculum, Deus meus rex.
Dios y rey mío, yo te alabaré,
bendeciré tu nombre siempre y para siempre. Un día tras otro bendeciré tu
nombre y no cesará mi boca de alabarte.
Bendeciré al Señor eternamente.
Benedícam nómini tuo
in saeculum, Deus meus rex.
El Señor es compasivo y
misericordioso, lento para enojarse y generoso para personar. Bueno es el Señor
para con todos y su amor se extiende a todas sus criaturas.
Bendeciré al Señor eternamente.
Benedícam nómini tuo
in saeculum, Deus meus rex.
Que te alaben, Señor, todas tus
obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y
narren tus proezas a los hombres.
Bendeciré al Señor eternamente.
Benedícam nómini tuo
in saeculum, Deus meus rex.
Nuestro Señor Jesucristo será
glorificado es ustedes y ustedes en él
Lectura de la segunda carta del
apóstol san Pablo a los Tesalonicenses
1, 11-12; 2, 1-2
Hermanos: Oramos siempre por
ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que
los ha llamado, y con su poder, lleve a efecto tanto los buenos propósitos que
ustedes han
formado, como lo que ya han emprendido por
los glorificará a ustedes, en la medida en que actúe en ustedes la gracia de
nuestro Señor Jesús
y él los glorificará a ustedes, en la medida en que actúe en que ustedes la
gracia de nuestro Dios
y de Jesucristo, el Señor.
Por lo que toca a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestro encuentro
con él, les
rogamos que no se dejen perturbar tan fácilmente. No se alarmen ni por
supuestas
revelaciones, ni por palabras o cartas atribuidas a nosotros, que los induzcan
a pensar que el
día del Señor es inminente.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aleluya, aleluya.
Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que
crea en él, tenga vida eterna.
Sic Deus diléxi mundum, ut Fílium suum
unigénitum daret; omnis qui credit
in eum habet vitam aetérnam.
Aleluya.
El Hijo del hombre ha venido a
buscar y a salvar lo que estaba perdido
Lectura del Santo Evangelio según
san Lucas
19, 1-10
Gloria a ti, Señor
En aquel tiempo, Jesús entró en Jericó
y al ir atravesando la ciudad, sucedió que un hombre
llamado Zaqueo, jefe de publicanos
y rico, trataba de conocer a Jesús; pero la gente se lo
impedía porque Zaqueo era de baja estatura. Entonces
corrió y se subió a un árbol para verlo
cuando pasará por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús levantó los ojos y le
dijo:
"Zaqueo, jefe bájate pronto, porque hoy tengo
que hospedarme en tu casa".
El bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, comenzaron todos a
murmurar
diciendo:
"Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador".
Zaqueo, poniéndose de pie, dijo a Jesús:
"Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes, y si he
defraudado a alguien le
restituiré cuatro veces más".
Jesús le dijo:
"Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también es él hijo de Abrahán , y el Hijo del
hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se les había perdido".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
Prendas de la Pascua eterna
En verdad es justo y necesario, es nuestro
deber y salvación, darte gracias siempre y en todo
lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno.
En quien vivimos, nos movemos y somos; y todavía peregrinos en este mundo, no
sólo
experimentamos las pruebas cotidianas de tu amor, sino que poseemos ya, en
prenda, la vida
futura. Pues al poseer las primicias del Espíritu, por el cual resucitaste a
Jesús de entre los
muertos podemos esperar que un día sea nuestra pascua eterna.
Por eso,
Señor, te damos gracias y proclamamos tu grandeza, cantando con los ángeles:
[Misa]
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